No sé porqué pero es verdad, el español siempre termina por verlo todo como una batalla entre dualidades. El poeta Machado lo dijo mejor que nadie, ajustado y en verso:
...una de las dos españas ha de helarte el corazón. De forma individual somos capaces de reconocer nuestra ceguera pero somos unos auténticos ciegos cuando nos sumamos al grupo. Además, continuamente expresamos nuestra postura de forma contundente, sin dar opción ni cancha al rival, nos creemos en posesión de la verdad y somos capaces de defender una mentira porque el que la ha dicho es el nuestro o coincide con nuestra forma de ¿pensar?. Así pasa, que cuando los argumentos fallan tenemos que recurrir al insulto. El insulto es la máxima expresión de la pobreza ideológica que alimenta nuestros pensamientos. Nos pedimos los unos a los otros que nos mojemos y cuando lo hacemos levantamos el hacha para golpear sin piedad el argumento del otro, haciéndonos contrarios cuando sólo tenemos que ser vecinos. A los demócratas, que ejercen su derecho al voto y creen en el poder de la razón frente a la fuerza, nos pasa factura con demasiada frecuencia el fascista que todo humano lleva dentro. Dicho el término sin ninguna carga ideológica, sino como una actitud de poder y de fuerza frente a nuestro semejante. Ayer hubo un debate, creo que insípido y de poca calidad. Los actores no pueden considerarse como ejemplo de locuacidad y dominio del lenguaje. Un debate que trataba de que cada uno defendiese una forma de gobernar, expusieron sus argumentos con mayor o menor acierto, con sus gestos, sus miradas, sus nervios y sus zozobras, en un medio que les supera claramente y que creo firmemente que no está hecho para la expresión política. El político necesita recibir el eco del espectador que aplaude, vitorea, interrumpe y grita; necesita disponer absolutamente de su tiempo para trasladar un mensaje a un público predispuesto a recibirlo y engrandecerlo. Tan sólo en el caso de que uno de los dos actores no fuera capaz de articular palabra alguna, podría afirmarse la victoria de uno sobre otro. He leído un buen número de mensajes en distintos foros, de empresas periodísticas que representan distintas ideologías, para unos el candidato Rajoy ganó con solvencia y para otros, el candidato Zapatero se lo llevó de calle. Pensaba yo que un debate no era un combate, pero parece ser que las ideas también tienen guantes de boxeo y que golpean los mentones de los rivales en el cuadrilátero de la televisión. No puedo decir quien ha ganado porque de verdad creía que no se trataba de vencer sino más bien de convencer. Yo ya sabía que un envite era un convite pero hasta ahora no había asimilado que un debate es un combate.
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